Un año sin Lifschitz: ¿Quién ocupa la silla vacía?

POLÍTICA - SANTA FE Por Pablo Fornero
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El tipo ordenaba. Tenía en Santa Fe una ascendencia suprema sobre todo aquello que no oliera peronismo. Miguel Lifschitz era el factor aglutinador de un universo opositor que aguardaba caminar detrás suyo en 2023.  Su muerte conmovió, en términos humanos y políticos, a un socialismo que lo tenía como padre y a una oposición que se vio obligada a reformular. A un año de su muerte, y aún con una elección legislativa en el medio, ¿quién aspira hoy a ocupar la silla del exgobernador?

No son pocos quienes pretenden sentarse en la poltrona que supo domar Lifschitz. Las elecciones del año pasado sirvieron para posicionar y relegar figuras, dieron pistas del futuro por venir, pero no ordenaron.

 Ganó Carolina Losada y, en un puñado de meses, pasó de conductora a vicepresidenta del Senado. Mucho, de la nada a la gloria. Sin embargo, no están claras las aspiraciones de la legisladora. Su armador, el diputado Julián Galdeano, avisa que ella tiene ganas de jugar. Pero Losada, a veces, demuestra que está más cómoda en Buenos Aires.

¿Está dispuesta Losada a arriesgar en 2023 todo lo que ganó en 2021? Ella, que ganó una legislativa, ¿está en condiciones de vencer en un combate ejecutivo? Quiénes la subestiman no hacen más que equivocarse, pero la senadora, ¿tiene realmente ganas de ir por la Casa Gris?

Maximiliano Pullaro salió segundo en la PASO de Juntos por el Cambio (JxC) y no tiene dudas. Quiere competir, quiere enfrentar a Losada y quién sea en una gran interna opositora. Tiene territorio, el radicalismo de los pueblos que lo rodea, 150 intendentes. Un armado preparado a militarlo. Aprendió al lado de Lifschitz y quiere emularlo. Sus adversarios lo critican por desbocado y apurado. Si al gobernador Omar Perotti le toca poner la banda a un no peronista, Pullaro está entre sus últimas preferencias.

El intendente Pablo Javkin tiene ganas de salir, casi huir de Rosario, la ciudad ingobernable. Tendrá futuro provincial solo si puede vender gestión. Es el mandamás de la localidad más poblada, pero con eso solo no alcanza. Sus próximos movimientos serán claves para dilucidar su armado, alianzas e ilusiones. Al igual que el dúo correligionario, considera que la oposición se tiene que unir y competir en internas.

¿Y el socialismo qué?
 
El Partido Socialista busca su rumbo. Sin Lifschitz, hizo lo que pudo en muy poco tiempo. Inventó a la valiente Clara García, quien hizo una elección aceptable en una contienda nacional. Pero ahora el partido es distinto.

Hacia dentro de la política, procurará ganar centralidad en la Cámara de Diputados, el espacio institucional donde impone condiciones. De ahí el llamamiento a una reforma de la Constitución. Cerró un congreso provincial y logró apagar todo atisbo de internas.

Pero hacia fuera se enfrenta a un desafío mayúsculo. Ingresar a un frente de frentes o apostar a la heroica y mantener los tercios en la provincia. Y la primera opción contiene, a su vez, dos aristas. Ir con candidata o candidato propio a la gobernación o sellar un acuerdo para secundar a otra persona. Pullaro, por ejemplo, confía que el PS se encolumne detrás de su jugada.

Si, en cambio, el socialismo mantiene los pies en el plato del progresismo habrá que ver de qué se disfraza. Puede terminar funcional al PJ, un costo alto. En el bunker del PS creen que el libertario Javier Milei va a tener candidata en la provincia, por lo que el escenario se va a horizontalizar más aún. Se verá.

Ahí va la oposición de Santa Fe, a los tumbos y empujones. Nadie acomoda los melones como hacía Lifschitz. Nadie tiene la espalda suficiente como para definir un rumbo y obedecerlo. La cancha está abierta y la silla espera su dueño o dueña.

Fuente: letrap.com.ar

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