Otra cumbre de gobernadores, la reforma de Raúl Zaffaroni y charlatanerías de Alberto Fernández

POLÍTICA Por Ignacio Zuleta
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Gobernadores se alinean sobre la reforma electoral 

El maratón de la unidad del peronismo se extiende en la semana corta de Mayo: los gobernadores se comprometieron a estar este lunes en la sede del CFI -santuario de las conspiraciones del oficialismo-. Será para discutir -o sea para alinear- la posición sobre los dos frentes de batalla con la oposición: boleta única y ampliación de la suprema Corte.

En los dos proyectos hay escenarios de empate y tienen una gran utilidad para Gobierno y oposición para mostrar los dientes y probar liderazgo adentro de las coaliciones. Importa menos si los proyectos se aprueban o no. Lo que vale es dar la pelea antes que el resultado.

Siempre habrá elecciones –con estas u otras boletas– y siempre habrá Corte –con 5 o 25 integrantes-, lo saben todos. Lo que importa es ganarle al otro, mostrar fuerza para el 2023 y, de paso, conocer quién es amigo, quién no. El producto que buscan hoy en el CFI es:

1) Aferrar la unidad de un gobierno deshilvanado, de manera de evitar la tentación cismática de algún dirigente. En Mendoza se aguantaron hasta los cohetazos de Juan Manuel Urtubey.
2) Exhibir capacidad para competir en 2023. En el peronismo hay dos alas. El cristinismo -que domina el PJ Buenos Aires- cree que están condenados a la derrota por la gestión boyante de Alberto y, específicamente, por el ajuste que sigue al acuerdo con el FMI. Otro sector, el de los gobernadores, quieren ganar en sus provincias. Dudan si desengancharse del cronograma nacional y son objeto del coqueteo de Sergio Massa y Wado de Pedro, que se diferencian del pesimismo cristinista.
Con ese ánimo se anotan como precandidatos y animan esos torneos de unidad imperfecta que han sido Esteban Echeverría, La Rioja -senadores "sin techo" y cristinistas]- y la tenida de Mendoza.

Volver al 2023

En el camino de La Rioja a Mendoza, José Mayans, jefe del bloque de senadores, comprometido a los gobernadores para ir este lunes el CFI y ponerle un freno a la debilidad del oficialismo en su batalla contra la Boleta Única y la reforma en la Corte. En los dos temas el peronismo intentará redoblar la apuesta y recuperar adhesiones.

En Boleta Única, se habló en mesas encabezadas por Mayans y Guillermo Snopek –presidente de Asuntos Constitucionales– de una reforma electoral amplia y seguramente más irritante para la oposición, que desbarate el apoyo que la BU tiene en algunos senadores del peronismo, como “Camau” Espínola, Adolfo Rodríguez Saá o el propio Snopek. Un proyecto alternativo disolvería esas adhesiones. Por ejemplo, una reforma que revise el sistema de las PASO y que se acerque los neolemas que rigieron en las elecciones de 2003.

En aquel año, cada candidato fue a las urnas sin boleta partidaria. Menem, Kirchner y R. Saá fueron como lemas del peronismo. Lo rechazará la oposición, pero le servirá al oficialismo para quitarle adhesiones a la BU, una obsesión para los distritos más grandes pero que en resto de las provincias no apasiona tanto.

La última prueba de amor

En cuanto a la Corte, se avanzó en esas charlas en un formato más cercano a lo que propuso Raúl Zaffaroni en la audiencia del Senado, que se puede conciliar con el proyecto del rionegrino Alberto Weretilneck: 25 miembros con algunas pinceladas federales, y presidencia rotativa.

“La mayoría de los jueces de nuestra Corte Suprema -dijo Zaffaroni- a lo largo de sus 160 años han sido de la Ciudad de Buenos Aires o de la Provincia de Buenos Aires y la gran mayoría egresados de la Universidad de Buenos Aires. Yo creo que es momento de pensar en una Corte federal en serio”. León Arslanian, el otro gurú judicial del peronismo agregó: “¿Saben lo que es lo más importante? El fortalecimiento del debate de las cuestiones federales”.

El Ejecutivo faltó a las reuniones de La Rioja y Mendoza –se lo esperaba a Juan Manzur-. Pero seguramente se plegará a estas apuestas del Senado que serán conversadas en el CFI. En ese foro los gobernadores peronistas se han alienado detrás del Gobierno en sus peleas por el recorte de los fondos a la CABA. Si les piden apoyo en BU y Corte, no lo negarán.

La cumbre de Mendoza fue el gesto de unidad más fuerte del peronismo desde 2019. Les sirvió para ganar. En 2021 estar cerca del peronismo del AMBA los llevó a la derrota. Esta vez les tienen que demostrar qué ha cambiado.

Coherencia vs. charlatanería

Es comprensible que Mauricio dispare misiles hacia dirigentes de su fuerza reclamando coherencia doctrinaria. JxC enfrenta a un gobierno cuyos funcionarios no se caracterizan por la coherencia y se regalan como blancos fáciles. El propio Alberto Fernández ha hecho fama de volatilidad discursiva con anuncios que desmiente a las pocas horas, como ocurrió con las retenciones. Lo disculpa que el público de esas declaraciones contradictorias no lo votó, ni lo votará.

Con el anuncio de las retenciones halaga a los propios. Con el desmentido, a sus adversarios. ¿Mintió? No; le dijo a cada tribuna lo que esperaba oír. Un aprovechamiento oportuno de la pulverización de lo público, agredido por la polarización y la clausura del diálogo que sobrevino en los años Covid. Contra eso todavía no hay vacuna. La sociedad convalece de una doble tragedia cultural, provocada por el cóctel de:

1) La peste universal, con la cancelación de la conversación, del face à face, del cual el mensaje digital, virtual, es apenas un fragmento.
2) La desintegración de la esfera pública, por la inmersión de la comunicación en la clandestinidad privadísima de las redes. La consecuencia es la interrupción de la acción comunicativa, base de la democracia tal cual la hemos conocido.
Según recuerda el filósofo Byung-Chul Han, la democracia es una comunidad de oyentes, y la crisis de la democracia es ante todo una crisis del escuchar ("Infocracia", 2021). La reflexión sobre los efectos públicos de la manipulación de los big data concentran la mirada sobre el público, que perece ser la única víctima de los inescrupulosos. Pero también son víctimas los dirigentes.

Atajos para decir cualquier cosa

El desprestigio de los candidatos, funcionarios, oficialistas y opositores arranca del rechazo del público porque "dicen y hacen cualquier cosa". Su protagonismo busca adaptarse a esa cancelación del otro y del diálogo con el otro, que el pensador Harry Frankfurt describió hace años como "bullshit". El uso popular traduce esa palabra como "mierda" o "basura" aunque la primera acepción es más precisa y rica: "Tontería o algo que no es cierto".

La baja calificación de Alberto Fernández, ganada en la guerra con el Covid, lo califica como un "bullshitter" en los términos de Frankfurt ("Sobre la charlatanería (On Bullshit): Sobre la manipulación de la verdad", 2005). ¿Mentiroso? Menos aún: lo que dice es un recurso para salir del paso, para ocupar espacio, desde la convicción de que no dijo una mentira sobre las retenciones.

El que miente, en todo caso, sabe que lo que ha dicho es una no-verdad, algo que supone saber qué es la verdad. El bullshiter dice lo que le conviene en cada caso. Sabe que en la sociedad líquida las paralelas no se tocan ni en el infinito, y que no hay juicio de la verdad para el charlatán. "Nunca digas una mentira cuando puedas salir del paso con charlatanería", aconsejaba un personaje del novelista Eric Ambler, rescatado del olvido por el pensador coreano.

La destrucción de lo público

Un ejemplo de la pulverización de la esfera pública lo da el entuerto por el Banco Provincia que enfrenta a oficialistas y opositores en Buenos Aires, y a éstos entre sí. Macri intervino ex-cathedra para impedir el acuerdo legislativo que repondría un sistema de jubilaciones que se había derogado en la gestión de Vidal. Lo habían gestionado los dos sectores en silencio, hasta que Macri -informado por Hernán Lacunza de que se reponían jubilaciones de excepción- lo deschavó y lo desbarató.

Con esto vuelve a congelarse el ingreso de directores por la oposición, algo que Axel Kicillof tiene pendiente desde que asumió en 2019. Los candidatos son Bruno Screnci, con leyenda de recaudador de fondos para el PRO, y el radical Carlos Fernández, entre otros. Las razones para frenar el acuerdo son solventes, porque ponen el acento en desigualdades previsionales difíciles de justificar. Pero dinamitan la posibilidad de normalizar la gestión.

La sociedad ha confiado a los políticos la gestión del banco, pero la política se enreda en peleas en las que pesan más el internismo que el interés público. Esa misma incapacidad le impide al Congreso Nacional reunir los votos para designaciones y acuerdos como los del Procurador General, del Defensor del Pueblo, o eventualmente, de la vacante en la Suprema Corte. El debate recrudece esta semana porque las partes han revisado posiciones y puede haber un acuerdo por la mitad del paquete: las designaciones, desde ya.

Macri: no me dejen afuera

Sostener la parada de una posición interna desnuda situaciones tercermundistas, como la que impedía a la gobernadora Vidal ingresar a las instalaciones del Banco Provincia, ella y sus funcionarios. Debió trasladar sus oficinas de la CABA al Museo de Arquitectura de la avenida del Libertador. Históricamente el gobernador de Buenos Aires usaba un piso en la sede del Banco en el microcentro porteño.

Navega por tribunales una causa judicial basada en filmaciones de reuniones vidalistas en ese edificio del microcentro, que se usan como pruebas de presuntos delitos. Esa confrontación le cuesta forcejeos con dirigentes como Néstor Grindetti, que había avalado esos acuerdos con el oficialismo provincial. Pero a Macri le rinden, porque saca pecho ante quienes le disputan escenario dentro del PRO. Le preguntan cuál es su proyecto y tiene argumentos para cualquier rol en el futuro. De candidato a príncipe elector.

Lo ayuda que el peronismo le ha puesto los focos como su adversario porque cree que es el blanco más vulnerable de la oposición. Lo aprovecha haciendo ejercicios para ganar centralidad. No fue a la cumbre de La Matanza, sólo para lograr un titular de prensa, o un zócalo en la TV que se pregunte por su ausencia, y que nadie cuestione que es necesario para cualquier armado.

Pluriempleo: gobernar y sobrevivir

Hay debilidades concurrentes en el oficialismo. El peronismo de Buenos Aires se ceba con la soledad de Alberto, a quien lima cuando puede. El resultado es un presidente con facultades disminuidas que se defiende como puede. Donald Trump se quejaba en el pintoresco reportaje interruptus con el animador Pierce Morgan (se retiró enojado y tirando los micrófonos) de que, cuando estaba en la Casa Blanca, tenía dos trabajos: 1) gobernar y 2) sobrevivir. Por eso cuando le tiran un siete de oro, responde al menos con un 4 de copas.

El oficialismo del Senado busca que avance el proyecto parrillista de levantamiento del secreto bancario, complementario del bloqueo al 20% del dinero que se imagina fugado, para aplicarlo al pago de la deuda con el FMI. El albertismo de la cámara se levantó de manos en nombre de Olivos, y usó letra del Banco Central, para frenar el proyecto.

“Puede provocar una corrida bancaria”, diría el mensaje que sirvió de topadora contra la iniciativa del cristinismo. Para el Central, la normativa tiene de sobra recursos legales para acceder a información financiera cuando haga falta. Cada vez que el BCRA ha necesitado información, la ha tenido por convenios con la AFIP, la CNV, la UIF, etc.

Con el paso de las horas alguien soltará la lengua para certificar este giro, que parece servirle al Ejecutivo en su puja para blindar a Martín Guzmán en el cargo de ministro. Como Trump, se trata de sobrevivir. Pero como se consolaba Pep Guardiola por la derrota del City con el Real de Madrid: “Esto viene de quien hace más goles”. Y por ahora Alberto le ataja todos los proyectos a Cristina, a quien casi nada le sale bien.

Gobernadores se alinean sobre la reforma electoral 

El maratón de la unidad del peronismo se extiende en la semana corta de Mayo: los gobernadores se comprometieron a estar este lunes en la sede del CFI -santuario de las conspiraciones del oficialismo-. Será para discutir -o sea para alinear- la posición sobre los dos frentes de batalla con la oposición: boleta única y ampliación de la suprema Corte.

En los dos proyectos hay escenarios de empate y tienen una gran utilidad para Gobierno y oposición para mostrar los dientes y probar liderazgo adentro de las coaliciones. Importa menos si los proyectos se aprueban o no. Lo que vale es dar la pelea antes que el resultado.

Siempre habrá elecciones –con estas u otras boletas– y siempre habrá Corte –con 5 o 25 integrantes-, lo saben todos. Lo que importa es ganarle al otro, mostrar fuerza para el 2023 y, de paso, conocer quién es amigo, quién no. El producto que buscan hoy en el CFI es:

1) Aferrar la unidad de un gobierno deshilvanado, de manera de evitar la tentación cismática de algún dirigente. En Mendoza se aguantaron hasta los cohetazos de Juan Manuel Urtubey.
2) Exhibir capacidad para competir en 2023. En el peronismo hay dos alas. El cristinismo -que domina el PJ Buenos Aires- cree que están condenados a la derrota por la gestión boyante de Alberto y, específicamente, por el ajuste que sigue al acuerdo con el FMI. Otro sector, el de los gobernadores, quieren ganar en sus provincias. Dudan si desengancharse del cronograma nacional y son objeto del coqueteo de Sergio Massa y Wado de Pedro, que se diferencian del pesimismo cristinista.
Con ese ánimo se anotan como precandidatos y animan esos torneos de unidad imperfecta que han sido Esteban Echeverría, La Rioja -senadores "sin techo" y cristinistas]- y la tenida de Mendoza.

Volver al 2023

En el camino de La Rioja a Mendoza, José Mayans, jefe del bloque de senadores, comprometido a los gobernadores para ir este lunes el CFI y ponerle un freno a la debilidad del oficialismo en su batalla contra la Boleta Única y la reforma en la Corte. En los dos temas el peronismo intentará redoblar la apuesta y recuperar adhesiones.

En Boleta Única, se habló en mesas encabezadas por Mayans y Guillermo Snopek –presidente de Asuntos Constitucionales– de una reforma electoral amplia y seguramente más irritante para la oposición, que desbarate el apoyo que la BU tiene en algunos senadores del peronismo, como “Camau” Espínola, Adolfo Rodríguez Saá o el propio Snopek. Un proyecto alternativo disolvería esas adhesiones. Por ejemplo, una reforma que revise el sistema de las PASO y que se acerque los neolemas que rigieron en las elecciones de 2003.

En aquel año, cada candidato fue a las urnas sin boleta partidaria. Menem, Kirchner y R. Saá fueron como lemas del peronismo. Lo rechazará la oposición, pero le servirá al oficialismo para quitarle adhesiones a la BU, una obsesión para los distritos más grandes pero que en resto de las provincias no apasiona tanto.

La última prueba de amor

En cuanto a la Corte, se avanzó en esas charlas en un formato más cercano a lo que propuso Raúl Zaffaroni en la audiencia del Senado, que se puede conciliar con el proyecto del rionegrino Alberto Weretilneck: 25 miembros con algunas pinceladas federales, y presidencia rotativa.

“La mayoría de los jueces de nuestra Corte Suprema -dijo Zaffaroni- a lo largo de sus 160 años han sido de la Ciudad de Buenos Aires o de la Provincia de Buenos Aires y la gran mayoría egresados de la Universidad de Buenos Aires. Yo creo que es momento de pensar en una Corte federal en serio”. León Arslanian, el otro gurú judicial del peronismo agregó: “¿Saben lo que es lo más importante? El fortalecimiento del debate de las cuestiones federales”.

El Ejecutivo faltó a las reuniones de La Rioja y Mendoza –se lo esperaba a Juan Manzur-. Pero seguramente se plegará a estas apuestas del Senado que serán conversadas en el CFI. En ese foro los gobernadores peronistas se han alienado detrás del Gobierno en sus peleas por el recorte de los fondos a la CABA. Si les piden apoyo en BU y Corte, no lo negarán.

La cumbre de Mendoza fue el gesto de unidad más fuerte del peronismo desde 2019. Les sirvió para ganar. En 2021 estar cerca del peronismo del AMBA los llevó a la derrota. Esta vez les tienen que demostrar qué ha cambiado.

Coherencia vs. charlatanería

Es comprensible que Mauricio dispare misiles hacia dirigentes de su fuerza reclamando coherencia doctrinaria. JxC enfrenta a un gobierno cuyos funcionarios no se caracterizan por la coherencia y se regalan como blancos fáciles. El propio Alberto Fernández ha hecho fama de volatilidad discursiva con anuncios que desmiente a las pocas horas, como ocurrió con las retenciones. Lo disculpa que el público de esas declaraciones contradictorias no lo votó, ni lo votará.

Con el anuncio de las retenciones halaga a los propios. Con el desmentido, a sus adversarios. ¿Mintió? No; le dijo a cada tribuna lo que esperaba oír. Un aprovechamiento oportuno de la pulverización de lo público, agredido por la polarización y la clausura del diálogo que sobrevino en los años Covid. Contra eso todavía no hay vacuna. La sociedad convalece de una doble tragedia cultural, provocada por el cóctel de:

1) La peste universal, con la cancelación de la conversación, del face à face, del cual el mensaje digital, virtual, es apenas un fragmento.
2) La desintegración de la esfera pública, por la inmersión de la comunicación en la clandestinidad privadísima de las redes. La consecuencia es la interrupción de la acción comunicativa, base de la democracia tal cual la hemos conocido.
Según recuerda el filósofo Byung-Chul Han, la democracia es una comunidad de oyentes, y la crisis de la democracia es ante todo una crisis del escuchar ("Infocracia", 2021). La reflexión sobre los efectos públicos de la manipulación de los big data concentran la mirada sobre el público, que perece ser la única víctima de los inescrupulosos. Pero también son víctimas los dirigentes.

Atajos para decir cualquier cosa

El desprestigio de los candidatos, funcionarios, oficialistas y opositores arranca del rechazo del público porque "dicen y hacen cualquier cosa". Su protagonismo busca adaptarse a esa cancelación del otro y del diálogo con el otro, que el pensador Harry Frankfurt describió hace años como "bullshit". El uso popular traduce esa palabra como "mierda" o "basura" aunque la primera acepción es más precisa y rica: "Tontería o algo que no es cierto".

La baja calificación de Alberto Fernández, ganada en la guerra con el Covid, lo califica como un "bullshitter" en los términos de Frankfurt ("Sobre la charlatanería (On Bullshit): Sobre la manipulación de la verdad", 2005). ¿Mentiroso? Menos aún: lo que dice es un recurso para salir del paso, para ocupar espacio, desde la convicción de que no dijo una mentira sobre las retenciones.

El que miente, en todo caso, sabe que lo que ha dicho es una no-verdad, algo que supone saber qué es la verdad. El bullshiter dice lo que le conviene en cada caso. Sabe que en la sociedad líquida las paralelas no se tocan ni en el infinito, y que no hay juicio de la verdad para el charlatán. "Nunca digas una mentira cuando puedas salir del paso con charlatanería", aconsejaba un personaje del novelista Eric Ambler, rescatado del olvido por el pensador coreano.

La destrucción de lo público

Un ejemplo de la pulverización de la esfera pública lo da el entuerto por el Banco Provincia que enfrenta a oficialistas y opositores en Buenos Aires, y a éstos entre sí. Macri intervino ex-cathedra para impedir el acuerdo legislativo que repondría un sistema de jubilaciones que se había derogado en la gestión de Vidal. Lo habían gestionado los dos sectores en silencio, hasta que Macri -informado por Hernán Lacunza de que se reponían jubilaciones de excepción- lo deschavó y lo desbarató.

Con esto vuelve a congelarse el ingreso de directores por la oposición, algo que Axel Kicillof tiene pendiente desde que asumió en 2019. Los candidatos son Bruno Screnci, con leyenda de recaudador de fondos para el PRO, y el radical Carlos Fernández, entre otros. Las razones para frenar el acuerdo son solventes, porque ponen el acento en desigualdades previsionales difíciles de justificar. Pero dinamitan la posibilidad de normalizar la gestión.

La sociedad ha confiado a los políticos la gestión del banco, pero la política se enreda en peleas en las que pesan más el internismo que el interés público. Esa misma incapacidad le impide al Congreso Nacional reunir los votos para designaciones y acuerdos como los del Procurador General, del Defensor del Pueblo, o eventualmente, de la vacante en la Suprema Corte. El debate recrudece esta semana porque las partes han revisado posiciones y puede haber un acuerdo por la mitad del paquete: las designaciones, desde ya.

Macri: no me dejen afuera

Sostener la parada de una posición interna desnuda situaciones tercermundistas, como la que impedía a la gobernadora Vidal ingresar a las instalaciones del Banco Provincia, ella y sus funcionarios. Debió trasladar sus oficinas de la CABA al Museo de Arquitectura de la avenida del Libertador. Históricamente el gobernador de Buenos Aires usaba un piso en la sede del Banco en el microcentro porteño.

Navega por tribunales una causa judicial basada en filmaciones de reuniones vidalistas en ese edificio del microcentro, que se usan como pruebas de presuntos delitos. Esa confrontación le cuesta forcejeos con dirigentes como Néstor Grindetti, que había avalado esos acuerdos con el oficialismo provincial. Pero a Macri le rinden, porque saca pecho ante quienes le disputan escenario dentro del PRO. Le preguntan cuál es su proyecto y tiene argumentos para cualquier rol en el futuro. De candidato a príncipe elector.

Lo ayuda que el peronismo le ha puesto los focos como su adversario porque cree que es el blanco más vulnerable de la oposición. Lo aprovecha haciendo ejercicios para ganar centralidad. No fue a la cumbre de La Matanza, sólo para lograr un titular de prensa, o un zócalo en la TV que se pregunte por su ausencia, y que nadie cuestione que es necesario para cualquier armado.

Pluriempleo: gobernar y sobrevivir

Hay debilidades concurrentes en el oficialismo. El peronismo de Buenos Aires se ceba con la soledad de Alberto, a quien lima cuando puede. El resultado es un presidente con facultades disminuidas que se defiende como puede. Donald Trump se quejaba en el pintoresco reportaje interruptus con el animador Pierce Morgan (se retiró enojado y tirando los micrófonos) de que, cuando estaba en la Casa Blanca, tenía dos trabajos: 1) gobernar y 2) sobrevivir. Por eso cuando le tiran un siete de oro, responde al menos con un 4 de copas.

El oficialismo del Senado busca que avance el proyecto parrillista de levantamiento del secreto bancario, complementario del bloqueo al 20% del dinero que se imagina fugado, para aplicarlo al pago de la deuda con el FMI. El albertismo de la cámara se levantó de manos en nombre de Olivos, y usó letra del Banco Central, para frenar el proyecto.

“Puede provocar una corrida bancaria”, diría el mensaje que sirvió de topadora contra la iniciativa del cristinismo. Para el Central, la normativa tiene de sobra recursos legales para acceder a información financiera cuando haga falta. Cada vez que el BCRA ha necesitado información, la ha tenido por convenios con la AFIP, la CNV, la UIF, etc.

Con el paso de las horas alguien soltará la lengua para certificar este giro, que parece servirle al Ejecutivo en su puja para blindar a Martín Guzmán en el cargo de ministro. Como Trump, se trata de sobrevivir. Pero como se consolaba Pep Guardiola por la derrota del City con el Real de Madrid: “Esto viene de quien hace más goles”. Y por ahora Alberto le ataja todos los proyectos a Cristina, a quien casi nada le sale bien.

Fuente: clarin

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