El socio de Slim que maneja Talleres de Córdoba como un ceo

1654865975119

Amasó su fortuna en México con el Grupo Pachuca. Volvió para reconstruir a Talleres. Gestiona el club con cabeza de Sociedad Anónima. El merodeo de la política.
Hay una palabra que define bastante bien a Andrés Fassi. Sintetiza lo que hace y –sobre todo– cómo piensa el presidente de Talleres de Córdoba: entrepreneur. Varias de las personas que lo elogian y lo critican coinciden en definirlo así, bajo esa categoría que en los últimos años adquirió su propia dimensión ideológica. Si en el negocio del fútbol existe el emprendedurismo, Fassi creó hace tres décadas su propio unicornio, el poderoso Grupo Pachuca, con el que se expandió por el mundo y llegó a la T cordobesa, donde hace siete años adaptó su modelo de gestión para ascender en lo deportivo y económico. 

 

La carrera de Fassi en el fútbol empezó como preparador físico. Primero en el All Boys cordobés, luego en Belgrano, más tarde en Racing hasta que José “La Pepona” Reinaldi lo llamó para que lo acompañara a Talleres. “Era el sueño del pibe. Porque yo siempre fui muy hincha de Talleres. Desde pibe lo seguía, de local y de visitante. Muchas veces me hacía invitar, porque me costaba pagar el viaje”, contó Fassi en una entrevista con El Gráfico. 

Llegó como “profe” a México, el país que lo iba a cambiar para siempre y en el que iba a forjar una carrera como empresario. Eran principios de los 90. Fassi formaba parte del cuerpo técnico de Carlos Chamaco Rodríguez cuando dio un salto de popularidad por un video casero sobre la metodología de la enseñanza en escuelas de fútbol.

Por ese video conoció a Marcelo Bielsa, en ese entonces técnico del Atlas, y a Jesús Martínez, presidente durante 25 años del Pachuca, quien aportó dinero para rehacerlo con estrellas. En poco tiempo, ese video casero se convirtió en un éxito que se pasaba y vendía en tiendas y shoppings de México. Sin saberlo, Fassi estaba dando el salto de un simple preparador físico a magnate, justo cuando los clubes mexicanos habilitaban las gestiones privadas.   

En los primeros años del Pachuca, Talleres siempre estaba presente: los nuevos colores del equipo mexicano eran idénticos a los del club cordobés y, en tiempos sin internet, Fassi aprovechaba sus viajes a Argentina para pagar la cuota de todo el año. Iban a pasar varias décadas hasta su aterrizaje en Córdoba, ya no como hincha o como empleado del club, sino como presidente.

 

Refundaciones
Fassi cosecha elogios y también críticas. Aunque esos dos vértices se unen ante lo inobjetable: nadie puede discutir el avance de Talleres en materia deportiva y de infraestructura. Cuando asumió como presidente, en diciembre de 2014, Talleres jugaba en el Argentino A. Siete años después, el equipo está por disputar los octavos de final de la Copa Libertadores.

¿Cómo hizo Fassi para iniciar esa reconstrucción? El poder y los contactos que le dieron ser parte del Grupo Pachuca ayudaron. Aunque él prefiere enfatizar en cuatro cuestiones: “Profesionalización de las áreas, fair play financiero, transparencia y el desarrollo de las divisiones inferiores”. 

Nacido y criado bajo el calor de las sociedades anónimas deportivas en México, Fassi sabe que en Argentina esa discusión, en principio, está saldada (y perdida). Por eso corre el eje y ya no habla de formato, sino del “modelo de gestión”, algo que sostiene con algunos “logros mensurables”: superávit en el ejercicio financiero de estos siete años, 400 personas empleadas por el club, 50 mil socios y socias al día, 15 mil en condiciones de votar y nuevos predios como el que visitó el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Claudio Tapia, antes de la final de la Copa de la Liga entre Boca y Tigre, en Córdoba. 

 

Pasó casi inadvertida, pero esa reunión con Tapia fue también para entibiar una guerra fría en la que Fassi siempre se encargaba de remarcar sus diferencias con quienes conducían el fútbol en Argentina. “Le cuesta mucho relacionarse porque tiene una visión opuesta al 90 por ciento de los dirigentes”, le cuenta a Letra P un viejo dirigente que lo conoce bien.  

Fue la primera vez que Tapia visitó el club y estuvieron reunidos por más de dos horas. “Nosotros dejamos claras nuestras posiciones en lo que respecta a cómo se gestiona el fútbol”, deslizan en el entorno del presidente cordobés, quien en algún momento en estos años de roscas interminables había insinuado un acercamiento a Marcelo Tinelli, diluido por el mismo peso de las acciones: “Le vendimos a Juan Ramírez y tardamos tres años en cobrarlo”, destacan. Recuerdan que había pasado lo mismo con Rubén Botta, cuyo pase San Lorenzo también demoró en pagárselo al Pachuca.

 

“Si pudiera, Fassi privatizaría todos los clubes, pero es el contraejemplo de su propia ideología”, reflexiona un periodista que lo frecuentó en los primeros años de gestión en la T. Un dirigente del Ascenso completa: “Es sumamente inteligente y tiene mucha capacidad para armar equipos de laburo. Profesionalizó los scouting y fue uno de los primeros en enlazar a Talleres con China a través de escuelas de fútbol”. De esa relación, profundizada por los negocios bilaterales con el gigante asiático, surgió el patrocinio del banco ICBC, ahora en el pecho de la camiseta auriazul.  

 

Un canciller cordobés
No son muchos los argentinos a quienes Carlos Slim, el hombre más rico de México, les responde por WhatsApp. Fassi podría jactarse de eso, aunque lo toma con cierta naturalidad: desde hace años son socios y codirigen el Grupo Pachuca, dueño de clubes como Pachuca, León y Coyotes de Tlaxcala (México), Everton (Chile) y Atenas (Uruguay), presidido por Juan Pablo Fassi, el hijo de Andrés. Ahora también está viajando seguido a España: su grupo empresario está cerca de cerrar la compra de un club de La Liga.

 

Tantos frentes abiertos fortalecen su poder simbólico y económico, pero debilitan la gestión en Talleres. Fassi está en Córdoba apenas una o dos semanas por mes. Las otras, viaja: en el último año se repartió entre España y Uruguay. Son varias las personas que ubican ese aspecto como su punto débil.  

 

Por ser un ejemplo de empresario exitoso y haber reconstruido la institucionalidad en Talleres, a Fassi muchos partidos políticos lo mandaron a medir. Si bien no se cansa de remarcar que no va a aterrizar en la arena política, porque su misión es “100% fútbol”, hay algunos indicios que evitan un descarte definitivo. 

 

El estrecho vínculo con Gustavo Santos, secretario de Turismo durante la presidencia de Mauricio Macri e integrante de la asamblea de representantes de Talleres, es uno de los más explicitados. Con él comparten conferencias y charlas sobre negocios y turismo alrededor del mundo.

 

Antikirchnerista declarado, Fassi se siente cómodo en ese límite difuso entre Juntos por el Cambio y el schiarettismo, aunque en su entorno prefieren no colgarle rótulos partidarios para definirlo como un “innovador y emprendedor”. Del otro lado, le cuestionan la denodada decisión institucional para que Talleres no se exprese en nada que se vincule con el feminismo ni los derechos humanos, y lo describen como un neoliberal conservador con vínculos históricos con sectores del catolicismo cordobés, como el del padre Javier Soteras, otro fanático de Talleres. Fassi fue al Colegio La Salle, donde en la secundaria les propuso a los curas armar una escuela de fútbol. Ya sabía, en aquel tiempo, lo que quería ser cuando fuera grande.

Por Agustín COLOMBO para Letra P

Te puede interesar