Una vice radical, la carta que empieza a sonar cerca de Llaryora y Juez

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En las filas del intendente de Córdoba, Martín Llaryora, entusiasma la supuesta caída en las encuestas del precandidato a gobernador de Juntos por el Cambio (JxC) Luis Juez, acusada de uno y otro lado en los off the record periodísticos. Esta tendencia, que debe interpretarse solo como una foto coyuntural, empodera al delfín del gobernador Juan Schiaretti para insistir con que Hacemos por Córdoba (HxC) debe ir por todo el año próximo. Esto es, la provincia y la municipalidad de la capitalina. 

 

El mensaje que blande el sanfrancisqueño es para la “vieja guardia” del peronismo cordobés, proclive a algún tipo de acuerdo con el radical Rodrigo de Loredo. La visión conservadora del ala histórica de Schiaretti plantea que la verdadera apuesta es retener el Panal para coronar con honores un ciclo de 25 años en el poder. Una porción minoritaria no descarta la posibilidad de despegar la pulseada provincial de la capitalina solo si el radical de Evolución rompe con Juez. Por supuesto, esta jugada de alto riesgo y descabellada en el contexto actual se ofrecería con la última encuesta disponible, llegado el momento de la toma de decisiones.

El hecho de que el peronismo no descarte ninguna opción habla de la incertidumbre presente por el recambio generacional en HxC, sumada la consolidación de JxC en el distrito mediterráneo. El oficialismo sabe que tiene una carta clave para jugar apenas la interna en la oposición cambiemista ingrese en una espiral de tensiones.

Este segundo semestre de indefiniciones promete ser una guerra de nervios en JxC, la misma que el peronismo pretende contener en sus filas con un verdadero festival de inauguraciones en la ciudad.

Sin embargo, este adicional competitivo del justicialismo no alcanzaría para paliar la mayor debilidad de HxC en la Capital. Precandidaturas con potencial se cuentan varias, aunque no le ganarían a De Loredo si las elecciones fueran hoy. Con pauta oficial, actos de gestión y campaña territorial clásica los problemas de posicionamiento pueden resolverse. Ahora bien, por primera vez, la potencia del candidato a gobernador peronista vendrá del voto en las 14 seccionales de Córdoba. Es por eso que la carta elegida para la sucesión de Llaryora tiene que sumarle votos a él y no al revés, como hiciera Schiaretti en 2019, que arrastró en las urnas a la primera apuesta propia para el Palacio 6 de Julio.

Transversalidad, ¿también en Córdoba?
Este flanco habilita a la “vieja guardia” a agitar en el plano local el acuerdismo que se intenta replicar en el plano nacional con la UCR. Incluso, Llaryora sucumbe a estos coqueteos con intendentes del Gran Córdoba. La intendenta radical de Estación Juárez Celman, Myrian Prunotto, no solo aprovecha las posibilidades de gestión que el PJ le ofrece; también utiliza a su favor esta proximidad para despabilar al radicalismo acostumbrado a las derrotas.

¿Candidata a vicegobernadora de Llaryora? Es una pregunta que empezó a sonar con fuerza en los corrillos de la política cordobesa, después de la versión que incluía al macrista Gustavo Santos. Refleja que, esta vez, el intendente no puede darse el lujo de poner cualquier nombre. Necesita alguien que sume y traccione votos de otros sectores o, en concreto, de radicales que no se sienten representados por Juez. También se explora la posibilidad de incorporar una figura extrapartidaria.

Además, esta especulación coincide con un fuerte enojo de un grupo de intendentes con el precandidato a gobernador/intendente Rodrigo de Loredo. En las comilonas que tienen como anfitrión a la promesa del radicalismo, quienes ejercen las jefaturas comunales presionan por definiciones, aunque ya saben cuál será la decisión.

 

De Loredo le confía a su entorno que quiere ser intendente, gobernador y presidente. Un plan de un sensato gradualismo que deja afuera a los referentes territoriales del partido que dan por sentado que Mario Negri y Ramón Mestre no se moverán del acuerdo con Juez para 2023. Incluso, si bien De Loredo recorre la provincia y la ciudad, todos descartan que la relación haya entrado en cortocircuito, sino que se trata de una “sana tolerancia” por las presiones del otro.

Prunotto, Gustavo Benedetti (Arroyito) y Carlos Briner (Bell Ville) forman un tridente que ya busca cobertura nacional para plantear sus propias estrategias. Seis meses de indefiniciones son intolerables para quienes no asoman en las encuestas, pero son reales influencers en sus comunidades. A este pelotón, se suma el jefe del bloque de JxC en la Legislatura, Orlando Arduh. Lograr la venia del radical de fina sintonía con Schiaretti Facundo Manes es el objetivo prioritario de estos días. “Tendremos un paraguas para avanzar con alianzas convenientes para nuestros vecinos”, disparan, con picardía.

Esta posibilidad de atomización aliancista que el PJ aprovechará –ya se verá si con acuerdo explícito o levantando figuras-, pone en una situación de estrés a Juez, el único lanzado a la gobernación. Más allá del entendimiento que tiene con Negri y Mestre, al punto que suena la diputada Soledad Carrizo como compañera de fórmula, el apoyo no es explícito. Cada protagonista juega a engordar lo suyo. El senador no puede mostrar ese respaldo que dice tener de la UCR orgánica.

 

En adelante, presionará más, porque ya no quiere más “murga” rodeándolo. Este viernes dio la primera señal de que quiere recuperarse: en el Congreso Federal de Ficha Limpia se libanizó al asegurar que, cuando gobierne, “va a sacar a patadas en el orto a todos los que cometen delitos”.

Fuente: Letra P, Nota de Yanina PASSERO

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