Daniel Passerini quiere ser el sucesor de Llaryora

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“Es una irresponsabilidad hablar de candidaturas en tiempos como los que vive la Argentina”. La frase es un mantra que repiten todos los espacios de la gestión municipal de la capital cordobesa cuando las cámaras y los grabadores se encienden. Por lo bajo, hay una carrera que largó y ya expresa algunos tironeos internos, aunque oficialmente haya que esperar a que el gobernador Juan Schiaretti haga sonar la campana de largada.

Hace tiempo que Daniel Passerini quiere ser intendente de Córdoba. De hecho, estuvo a punto de plantarle una interna a Martín Llaryora, pero desistió en sus intenciones y se convirtió en el garante de la unidad que finalmente le devolvió al peronismo la gestión capitalina. Comprendiéndose a sí mismo como corresponsable directo de la gestión en la Ciudad, se concentra en el Concejo Deliberante y desde allí se presenta como el candidato natural para la sucesión en la capital mediterránea. “¿Hay otro candidato? ¿De verdad?”, bromea uno de sus asesores,

En el entorno de Passerini confían en que la definición se tomará en una mesa chica que encabezarán el gobernador y el intendente. No reniegan de eso. De hecho, comprenden que la propia dinámica del peronismo provincial así lo determina y entienden que el actual viceintendente cuenta con los pergaminos para convertirse en el elegido. También sientan en ese espacio de decisiones a Alejandra Vigo, a la que todos los aspirantes del PJ Capital prefieren no ver “jugando” por la intendencia.

“El peronismo se ordena de arriba para abajo”, aseguran e imaginan a un Schiaretti firme en sus deseos de incidir en el armado nacional que también será determinante para derramar votos hacia la ciudad. “Si la gestión de Schiaretti conserva los altos niveles de imagen que viene sosteniendo en los últimos años, va a llegar al momento de la elección con mucha fuerza y eso va a terminar incidiendo”, dicen en su entorno en una lectura que es coincidente con casi todos los sectores que hoy disputan el futuro del PJ cordobés.

Passerini se asienta en su propia historia a la hora de imaginarse al frente del Palacio 6 de Julio. Fue ministro de Solidaridad de la provincia durante la última parte del segundo mandato de José Manuel De la Sota, entre 2005 y 2007. El Gallego volvió a convocarlo cuando retornó al gobierno cordobés en 2011, para ponerlo al frente del Ministerio de Desarrollo Social.

 

En el medio, fue electo legislador provincial en dos oportunidades (2007-2011 y 2015-2019). En ambos casos, formó parte del brazo legislativo de Schiaretti, quien lo consideró siempre uno de sus hombres de confianza dentro de la Unicameral mediterránea. Lo mismo que sus pares de bloque, que lo convirtieron en vicepresidente de la Cámara.

Antes, Passerini había sido intendente de Cruz Alta, una ciudad ubicada a unos 350 kilómetros al sureste de la Capital, entre 1999 y 2007. Sus adversarios internos se juegan ahí una provocativa carta con la que buscan bajarle el precio. “Los cordobeses ya se bancaron a un intendente de San Francisco, va a ser difícil que ahora se banquen uno de Cruz Alta”, deslizan por lo bajo revolviendo, incluso, cierta molestia latente por la elección de Llaryora. De todos modos, el actual mandatario capitalino logró enderezar los ceños fruncidos a fuerza de gestión. El viceintendente se sube al mismo carro victorioso.

A diferencia de otros nombres que suenan, el CV de Passerini expone una lealtad interna que sus allegados subrayan. “Hay otros candidatos que arman partidos y organizaciones para mostrar una fuerza propia que Daniel no necesita. Su organización política es el PJ de Córdoba, no tiene que salir a buscar otra estructura”, dicen en un tono que mezcla señalamientos y chicanas.

 

En línea con esa lectura, hay otra ventaja que mencionan cerca del viceintendente. Un as en la manga que se apoya en “las garantías internas” que ofrecería una gestión de Passerini. No puede aspirar a otro mandato. “Es un intendente que va a estar cuatro años continuando con la gestión de Llaryora, que seguirá acompañando desde la gobernación”, afirman a Letra P. “Hay una estructura sólida que se sostiene y el peronismo se reasegura que el debate capitalino se sostenga y no haya juegos propios que puedan atentar contra la unidad y, por consecuente, contra la gestión”, afirman.

A sabiendas de la proyección de Llaryora, esa última idea sobrevuela sobre todas las áreas de la administración que esta semana se vio jaqueada por la filtración de un dato que arrojó un manto de dudas sobre la transparencia en la utilización de los recursos públicos. Horas antes de la realización de un recital gratuito de Ulises Bueno que iba a servir para lanzar la temporada de invierno en la ciudad, se conoció que el municipio iba a pagar 43 millones de pesos a la empresa a cargo de la organización. El cuartetero se despegó de la polémica, suspendió el show y echó un poco más de nafta al fuego interno. "Lamentablemente quieren manchar mi nombre, quieren desvirtuar el fin de esta celebración y no estoy dispuesto a soportar cuestionamientos infundados. Yo no hago política", dijo en un comunicado oficial. En el PJ capitalino tienen claro que "estas cosas" no pueden volver a suceder.

 

El sprint definitivo
En el peronismo imaginan que las candidaturas se definirán a comienzos del año próximo. La estrategia busca una campaña corta, en la que la valoración sobre lo hecho achique el margen de maniobras a la oposición. Para cuando ese momento llegue, Passerini habrá protagonizado algunos de los hitos que el llaryorismo busca dejar como marca de su gestión y que tendrán en la foto al viceintendente como figura central. Espera inaugurar la nueva sede del Concejo Deliberante en el marco de los 450 años de la fundación de la Ciudad y los 40 años de la recuperación democrática.

 

La actual sede del Concejo Deliberante se alquila en el centro capitalino desde que un incendio destruyó el edificio en el que funcionaba hasta 2005, también alquilado. Ese año había sido reinaugurado el Teatro Municipal Comedia, que fue destruido por otro incendio dos años después. Ambos sucesos ocurrieron durante la gestión de Luis Juez, que se comprometió con una reconstrucción que ninguna de las posteriores gestiones pudo llevar a cabo. En ese marco, en la Municipalidad hablan de “tres elefantes blancos” que buscarán empujar la imagen de la gestión facturando fracasos del pasado a la oposición. En ese plan, la tercera obra que buscará llegar a su fin es la que Ramón Mestre empezó en la Plaza España y quedó a medio terminar cuando el radical culminó su gestión en 2019.

Fuente: Letra P, sobre una nota de César PUCHETA

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