La mala gestión con el gasoil y el dólar profundiza la crisis y la descomposición en el Frente de Todos

POLÍTICA Por Eduardo van der Kooy
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La acumulación de problemas irresueltos -o mal resueltos- le está dando una velocidad vertiginosa a la crisis en la Argentina. Se manifiesta en indicadores económicos clave. También en la manera que se profundiza, de distintos modos, la descomposición en la coalición de gobierno, el Frente de Todos. 

Los ejemplos abundan. Existe uno de ellos, de ribetes trágicos en las últimas horas, que sintetiza aquel panorama. Es la falta de gasoil. No solo impacta en actividades productivas esenciales. Provoca una parálisis de transportistas que forzó en las últimas horas la intervención de la Policía de la Ciudad para evitar que pudieran materializar una protesta en el Obelisco. Varias horas de caos dominaron, igual, la zona sur del ámbito metropolitano.

La dificultad empezó a hacerse visible a principio de abril. Están por cumplirse tres meses y el cuadro general ha empeorado. Hace 28 días, después de la última reunión de gabinete, el jefe de ministros, Juan Manzur, aseguró dos cosas. Que en 48 o 72 horas se tendría una solución. Que el Banco Central contaba con los dólares necesarios para aumentar la importación.

En ese momento la crisis del combustible abarcaba a ocho provincias. Ahora afecta a todo el país, con excepción de Tierra del Fuego. Existen piquetes en las principales rutas. Los embarques en los puertos se vienen desplomando. El de Rosario trabaja a un 25%.

El conflicto con los transportistas desnuda una ausencia. La del gremio de camioneros, de la poderosa familia que encabeza Hugo Moyano, aliado crucial del Gobierno. Sus representados parecen haber quedado a la deriva en este momento crítico. La orfandad cobró otra magnitud a raíz de la muerte de un camionero en la localidad bonaerense de Daireaux. Quiso burlar uno de los piquetes por la falta de gasoil. Fue perseguido, apedreado, el vehículo volcó y se produjo el fatal desenlace.

Moyano no es el único que parece perseguido por la triste memoria del ex titular de la Confederación General del Trabajo (CGT) de la década del 70. Casildo Herrera “se borró” en vísperas del golpe militar de 1976. La central obrera de este tiempo está en una situación apremiante. Producto de dos cosas: el deterioro social que no cede; el protagonismo de los movimientos sociales que se han hecho dueños de la calle. Con preminencia de la izquierda.

El desconcierto dispara de parte de los gremialistas acciones contrapuestas. Héctor Daer, uno de los secretarios de la CGT, hizo una visita a Cristina Fernández. Fue identificado siempre como un amigo del Presidente. Estaría desilusionado por la pasividad de Alberto. El secretario General de la UOCRA, Gerardo Martínez, luego de un plenario en su gremio, intentó cruzar las críticas por su falta de presencia pública y las zancadillas que le suele hacer la CTA kirchnerista de Hugo Yasky.

Aseguró que la central obrera analizaría (¿Cuándo?) alguna acción debido al deterioro que la inflación produce en los bolsillos de los trabajadores. Se sumó al debate de los planes: “La gente quiere trabajo, no subsidios”, subrayó. Su aparición pudo haber respondido a otro motivo. Resultó criticado por el kirchnerismo a raíz de su permanencia en Suiza, con motivo de la Asamblea de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Durante la cual se encargó de respaldar al ministro Claudio Moroni. Uno de los funcionarios apuntados hace rato por la vicepresidenta.

Martínez está actuando con mayor cautela que Daer. No parece dispuesto a distanciarse de Alberto. Hace menos de dos meses le organizó un acto en Esteban Echeverría. Elogió la recuperación de la mano de obra en su gremio. Exaltó la defensa del sistema presidencialista. Le terminó regalando al mandatario una lapicera. Cualquier analogía con las alegorías de Cristina, en ese mismo sentido, no responderían a una casualidad.

El faltante de gasoil no es el único tema de la agenda que desnuda la ineficiencia del Gobierno. También la onda expansiva indetenible, por cualquier razón, en la coalición oficialista. Otro caso es la falta de dólares y el remedio elegido para subsanarlo: la restricción a las importaciones.

La autora intelectual de la medida fue Cristina. En aquel acto en Avellaneda, ladeada por el ministro de Vivienda, Jorge Ferraresi, alertó que la carencia de la moneda estadounidense obedece “al festival de importaciones”. La realidad incontrastable indica que los dólares se evaporan, sobre todo, por la crisis energética estructural que nuestro país emparcha con la compra de gas y combustible.

Martín Guzmán prefirió no detenerse en detalles ni en verdades. Alberto tampoco: incluso aventuró que la restricción a las importaciones se había previsto antes que el Fondo Monetario Internacional (FMI) diera por validadas las metas del primer trimestre del acuerdo pactado. Casi quiso apropiarse de la idea. A Miguel Pesce le fallaron los sensores. Sostuvo que la medida se tomó “para evitar una devaluación”. Lo único que jamás debió haber confesado.

El dólar y la inflación​


Los mercados están súper alterados desde el lunes. El dólar blue tuvo una trepada astronómica. En la última jornada estacionó en $239. La agitación no responde únicamente a la controvertida resolución. Existe en torno del Gobierno una desconfianza extendida. Parece incapaz de transmitir previsibilidad.

¿Aquella escalada del dólar no tendrá acaso a futuro impacto sobre la inflación? Si no ocurriera, algo profundo habría cambiado en la Argentina. Antes de todo el alboroto y la especulación el ministro de Economía sabe que no tendrá buenas novedades en los primeros días de julio. Salvo un imponderable, la inflación de este mes romperá la tendencia descendente que, desde una cima, marcaron los últimos sesenta días.

Guzmán se enfrenta a otra batalla. Interna y externa: la implementación de los aumentos de las tarifas de gas y luz. Deben regir desde el primer día de julio. El área energética está administrada por el kirchnerismo. De línea directa con el Instituto Patria. El secretario Darío Martínez firmó una declaración por la cual transfirió su facultad como autoridad de aplicación de la segmentación tarifaria al subsecretario de Planeamiento, Santiago López Osornio.

Fue el funcionario que representó al Gobierno en las audiencias públicas. Ni Martínez ni el subsecretario Federico Basualdo aceptaron concurrir. Es un hombre de la confianza del ministro de Economía. También afín a los movimientos sociales con los cuales viene confrontando el kirchnerismo.

Guzmán sólo sabe que el 10% de los usuarios abonará hasta fin de año la tarifa plena. Sin subsidios. El resto deberá inscribirse en un registro para justificar la necesidad de ayuda. Habrá una página web, a tal efecto, que ni siquiera tomó aún estado público. Se verá cuando. Puede avizorarse otro problema oculto en la búsqueda de una pretendida solución.

Fuente: clarin

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