Sin credibilidad

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La flamante ministra de Economía, Silvina Batakis, anunció las primeras medidas de su plan el lunes y de inmediato surgieron dudas sobre su viabilidad. Ayer en el oficialismo del Congreso había escepticismo acerca de la suerte de la única iniciativa que requiere aprobación parlamentaria: la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. 
Esa reforma permitiría que el Ministerio de Economía tuviese injerencia en los presupuestos de organismos autónomos, empresas estatales y fondos fiduciarios. La ministra la impulsó con el propósito alegado de recortar unos 600 mil millones de pesos el gasto público. 

Le daría, por ejemplo, acceso a “cajas” como Aerolíneas Argentinas o el PAMI y con esos recursos podría no sólo hacer más eficiente el manejo de los fondos públicos, sino también financiar el déficit con una herramienta menos dañina que la emisión monetaria.

A poco de andar ya empieza a quedar en evidencia que el principal problema de Batakis es de credibilidad. No le creen los mercados que después de una breve tregua volvieron a las andadas con los bonos en dólares para abajo, el blue rondando los $270 y el riesgo país por arriba de los 2.700 puntos. Si la idea era eliminar la presión sobre el dólar, habrá que intentar otra cosa.

Dicen que hay una izquierda fiscalista que entra en razones apenas llega al poder. Eso podrá ocurrir en Chile, Uruguay o Ecuador, pero por estas latitudes el populismo y la racionalidad económica siguen siendo tan incompatibles como hace 75 años.

Es muy difícil que el “establishment”, que ha sido socio del peronismo durante la mayor parte de ese largo período, crea en los propósitos de enmienda de la nueva ministra. Para peor a Batakis tampoco le cree la dirigencia del oficialismo. El ex secretario de la CTA Pablo Micheli la comparó con Domingo Cavallo, mientras que Pablo Moyano le pidió que en lugar de hablarle a los empresarios le hable a los que la están pasando mal. Unos sospechan que fue y seguirá siendo populista, mientras los otros la acusan de ajustadora ortodoxa.

En el ala izquierda del FdT, que en su mayoría responde a Cristina Kirchner, generó decepción por decirlo de alguna manera que Batakis haya prometido seguir con el plan acordado con el FMI, aunque fuese una expresión puramente retórica. La pregunta que se hacen es: ¿para qué echaron a Guzmán, si lo reemplazan con alguien que reproduce sus políticas?

Esa pregunta deberá ser respondida por la vicepresidenta en su próximo discurso, lo que le traslada el problema de credibilidad. Fugado Guzmán, doblegado Fernández y corrido de la escena Massa, la única reserva de poder del gobierno es ella. Suya será más temprano que tarde la responsabilidad del ajuste o del incendio de las variables macroeconómicas. Se acabaron los intermediarios. La falta de volumen de Batakis es la mejor prueba de eso. Nadie puede ocultarse detrás de ella.

Por Sergio Crivelli La Nación

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