El Antón Pirulero del peronismo en la zona núcleo de la guerra gaucha

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Como un alfarero que tornea con paciencia una y otra vez la arcilla, el poderoso sector agroexportador modela desde hace años los contornos y el espesor del peronismo, que sufre en la zona núcleo los síntomas más evidentes de los padecimientos que lo atraviesan en todo el territorio en términos de identidad y capacidad de representación; en términos políticos y de poder.

 
El tajo más evidente remite a la guerra gaucha por la resolución 125, que rompió en 2008 el bloque del Frente para la Victoria y metió una cuña por la que el peronismo viene sangrando con diferente intensidad y envases de presentación, por lo general, bajo el mote de alguna alternativa sindicada como federal. Sin embargo, la tensión es permanente y va moldeando una versión contorsionista del justicialismo que muta según la provincia y el distrito que se trate y restalla en sus contradicciones en la denominada zona núcleo. La decisión del Gobierno de habilitar un "dólar-soja" para lubricar la liquidación de granos y aplicar RCP a las arcas del Banco Central es otro episodio más de esta serie.

Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos reúnen el 57% del padrón nacional. En el corazón electoral de la Argentina, las cuatro provincias están gobernadas por peronistas. Dicho así, no quiere decir nada, pero es un ejemplo de los dilemas que atraviesan hoy al oficialismo y se manifiestan en el mapa político de la guerra por los sojadólares.

 
Como contó Letra P, el gobernador de Santa Fe, Omar Perotti, y su par cordobés, Juan Schiaretti, están unidos por el hilo rojo de un peronismo núcleo al que cada uno expresa a su manera y que teje a uno y otro lado de sus fronteras el asesor que tienen en común, Guillermo Seita. El rafaelino, siempre con el discurso productivo a flor de labios, inició hace meses una defensa pública gradual del sector agropecuario que se dibujó de manera estrictamente inversa a su alejamiento del presidente Alberto Fernández. Hoy, su respaldo a los reclamos del sector no son un simple gesto coyuntural, sino que evidencian una mecánica política. Como escribió el periodista Facundo Borrego, el diputado Roberto Mirabella, el otro yo del gobernador, sintetizó en una frase la identidad del perottismo pampeano: “Nosotros venimos de un espacio político donde el principal sujeto es el campo”. 

 El derrotero de Schiaretti es más lineal. El sector productivo cordobés es su principal aliado y motor electoral. Más allá de algún gesto protocolar, el mandatario cordobés jamás compró el experimento del Frente de Todos, ni siquiera cuando estaba recién salido de fábrica y todavía no tenía rayones. La sintonía del cordobesismo es casi mimetismo con el agropower. Peronista republicano y federal, cultor de una gestualidad política largamente planificada y ejecutada en slow motion, Schiaretti inclusive desembarcará en la tradicional 134º Expo Rural 2022 de Palermo, como adelantó Yanina Passero en este medio. 

 
Gustavo Bordet es el tercer gobernador de la Región Centro, pero se diferencia de sus pares de la zona. Cultiva un equilibrismo que por momentos se parece a un tironeo. “Bancamos a Alberto Fernández y bancamos un sistema productivo con el campo adentro”, lo pintan en su entorno, según explicó Exequiel Flesler en Letra P. El albertismo del mandatario entrerriano encierra un blend complejo en un escenario de enfrentamiento entre el Gobierno y el sector al que el Presidente tildó de "especulador". Como Schiaretti y Perotti, el mandamás entrerriano tampoco puede aspirar a la reelección el año próximo.

Axel Kicillof encarna el mal personificado para una parte del sector rural. El gobernador bonaerense es un producto político certificado por la vicepresidenta Cristina Kirchner, abanderada de las retenciones móviles en aquel 2008 y expresión de la versión más temida del peronismo al pie de tractores y cosechadoras: el kirchnerismo. Nada puede salir bien con el exministro de Economía. Sin embargo, el Ejecutivo bonaerense mantiene un vínculo aceitado en algunas regiones de la provincia con la Federación Agraria, aunque la medida del dólar-soja también es rechazada en esa entidad. “Cometen el grave error de meter a todos en la misma bolsa y ganan los que especularon”, señalan en la FAA bonaerense, donde distinguen las políticas emanadas de La Plata de las que surgen de Balcarce 50. 

 
Como denominador común, las tensiones acumuladas con el correr de los años configuran una dinámica en la que cada round deja golpes marcados en el cuerpo de un peronismo que trata de acomodar sus posturas al andar, como quien camina con dolores.

 

La traducción electoral de esta pelea tuvo su paroxismo en la franja amarilla del mapa argentino que parieron las elecciones de 2019, donde la zona núcleo eligió en las urnas a Juntos por el Cambio. Agustín Rossi, ahora jefe de la Agencia Federal de Inteligencia y uno de los cruzados de la guerra gaucha de 2008, señaló en varias oportunidades que el peronismo siempre fue un aliado de los sectores productivos en cada provincia del país, pero que no logra amigarse con el campo. Un dilema para la política y para el actual oficialismo, cincelado golpe a golpe por un modelo económico que parece tener vida propia más allá de los designios del Estado. 

 Por Adrián D'Amore para Letra P

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