Amor clasificado

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“No sé si disputan el mismo electorado, pero está demostrado que se disputan los dirigentes”. Con esa frase, un alfil peronista cordobés describe los posibles universos comunes entre Sergio Massa y Juan Schiaretti. “Creo que no volvieron a hablar después de 2019, pero es cierto que si alguien en el Gobierno puede soñar con algún acercamiento con el gobernador, esa persona es Massa”, agrega el dirigente que hoy está parado en la vereda de quienes cuestionan algunos de los posicionamientos que asume el más antikirchnerista de los mandatarios peronistas.

 
Nada dijo Schiaretti de la llegada de Massa al Gabinete de Alberto Fernández. Se mantiene firme en su postura de “no meterse” en la interna del Frente de Todos (FdT), aunque eso le impida explayarse en algunas de sus lecturas respecto del rumbo que toma el país. Solo le interesa dejar en claro lo que no comparte y apunta las responsabilidades hacia el espectro que nombra como “el kirchnerismo”.

 

En su entorno dicen que la designación no influye en la mirada del gobernador, que esta semana se llegó hasta la tribuna opositora montada en la Rural de Palermo para cuestionar las políticas oficiales para el sector agroexportador, manifestar su “preocupación” por el futuro de la Argentina, reunirse con la Mesa de Enlace y posar sonriente para las fotos de rigor.

 

La relación entre Massa y Schiaretti siempre estuvo caracterizada por la tirantez. El tigrense fue el jefe de Gabinete que el kirchnerismo había elegido para refundar la gestión después del fracaso de la resolución 125, cuando el gobierno cordobés eligió pararse a la par de la patronal agropecuaria y romper definitivamente con la administración que comandaba Cristina Kirchner. Poco podía hacer Massa para mediar en ese divorcio de zancadillas mutuas.

 

El escenario cambió cuando el hoy superministro enfrentó al Frente para la Victoria en 2013 y se convirtió en un referente del espacio pluripartidista que en aquel momento se conoció como Grupo A. El propio Schiaretti formó parte de ese conglomerado en su último paso por el Congreso, pero la relación no alcanzó los niveles de intensidad a los que llegó cuando junto a Juan Manuel Urtubey y Miguel Ángel Pichetto quisieron dar vida a la siempre prometedora estructura del peronismo federal.

 

Cuando José Manuel De la Sota acordó unir fuerzas con Massa en 2015, a Schiaretti no le sedujo demasiado jugar en esas ligas. Cuando lo hizo, las fotos, las conversaciones y los proyectos terminaron con el tigrense abandonando el espacio para sumarse al FdT. Ese movimiento molestó mucho al gobernador, que nunca confió en nada que emanara perfume a kirchnerismo.

 

Quienes conocen los corrillos de aquella novela de la que se desprendió la segunda candidatura presidencial de Roberto Lavagna advierten que el cordobés no se enojó tanto cuando Pichetto decidió ser candidato a vice de Mauricio Macri. De hecho, en medio de la campaña, Schiaretti recibió al por entonces senador en su despacho. En clave institucionalista, también recibió a Fernández, pero ya no habló en privado con Massa.

 

Desde entonces, el diplomático presidente de la Cámara de Diputados tejió una buena relación con el bloque Córdoba Federal y sostuvo un buen diálogo con algunos de los sectores del peronismo cordobés, mientras que el salto de Schiaretti a la oposición no estaba tan marcado. De hecho, hubo algunos intentos por calar al interior de Hacemos por Córdoba (HxC) a partir de algunas figuras de peso específico en la provincia,  como Adriana Nazario. La sucesión de crisis y la falta de referentes massistas en el centro del país complicaron esos contactos, sobre todo cuando el gremialista Pablo Chacón decidió abandonar su rol como armador massista para volver a encolumnarse detrás de la conducción del PJ provincial. No obstante, para una parte de la dirigencia local identificada con el delasotismo la llegada del tigrense al Gabinete deja algunas puertas abiertas.

 

“Sergio estuvo muy cerca de José. Creemos que ha estudiado los temas y es una persona de diálogo”, dice el legislador Franco Miranda consultado por Letra P. Con todo, aclara que “creer que esto depende de una persona es un error” y deposita las cargas en "toda la sociedad argentina". "Hay que relajar, dialogar y construir estabilidad”, asegura el hombre de HxC que considera que “Massa es una oportunidad en materia de diálogo y consenso”.

 

Los vínculos de Massa con la provincia se asientan institucionalmente con el funcionariado cordobés en el Ministerio de Transporte, con el que trabaja permanentemente quienes conforman la Mesa Promotora del Frente Renovador en Córdoba. “Tenemos una estructura de trabajo territorial muy fuerte en el interior y queremos sentarnos a discutir la provincia desde nuestra postura, pero sabemos que para hacerlo primero tenemos que conformarnos oficialmente como fuerza política”, admite Fernando Caubet, que dirá presente junto con la comitiva mediterránea que viaje a la Ciudad de Buenos Aires para decir presente en la asunción del nuevo superministro de Economía.

 

En la renaciente fuerza renovadora cordobesa, que debe avanzar en la conformación oficial del partido, advierten que desde hace tiempo vienen “coordinando acciones en el territorio con algunos sectores del schiarettismo”. El objetivo es activar las relaciones con Martín Llaryora, número puesto del oficialismo cordobés para suceder a Schiaretti. Aducen que Massa sostiene una relación “de muchos años” con el intendente capitalino. “Generacionalmente, Sergio y Llaryora juegan en la misma liga y son dos de los representantes más importantes de la renovación política que hace falta en la dirigencia argentina”, dicen a Letra P.

 Con información de Letra P, sobre una nota de César PUCHETA

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