Todos los gatos en la misma bolsa

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“Ya es un hecho de paz y fraternidad que estemos aquí. Este lugar es como un concentrado de la patria. Aquí vienen millones de peregrinos de todos los partidos políticos”. Las palabras del arzobispo Jorge Eduardo Scheinig, fueron el preludio de un sermón en el que llamó al diálogo, la paz, la convergencia y el perdón. También se le agradeció a la virgen por cuidar a Cristina Kirchner y se le pidió por la salud del senador nacional del PRO, Esteban Bullirch. En términos políticos, el gobierno obtuvo a medias lo que fue a buscar: sin oposición nacional presente, consiguió una unidad interna sin peros y en pos de la figura de Cristina Kirchner.

La Basílica de Luján estuvo partida en dos. En las primera filas invitados especiales, de la mitad hacia el fondo feligreses y público en general. En las pasarelas superiores paseaba parte de la seguridad. Por el resto del operativo no varió mucho a otros actos.

 
Hubo mucha presencia del gabinete nacional y bonaerense que escoltaron al presidente Alberto Fernández y al gobernador Axel Kicillof. Ambos se retiraron por un sector diferente al que lo hizo el grueso de la dirigencia una vez que la ceremonia había concluido.

“Hay momentos para el debate, pero hoy estamos en una situación muy particular. Lo ocurrido y por lo que significa una misa, uno puede marcar diferencias pero eso no quita que en el corazón somos todos compatriotas y tenemos que tratar de buscar cada uno lo mejor para el conjunto”, le dijo a Infobae el ministro de Desarrollo de la Comunidad y uno de los líderes de La Cámpora, Andrés Larroque sobre el abrazo fraterno en el que se fundió con el Presidente, tras meses de escalada interna por el rumbo de la política económica que sostenía el presidente a través de la figura del ministro de Economía, Martín Guzmán.

Larroque fue uno de los promotores de la misa. En la escala nacional, quien tuvo injerencia fue el ministro del Interior, Eduardo De Pedro. Al llegar y salir de la Basílica, De Pedro fue uno de los más aplaudidos por la militancia. Jugó un poco de local. Sobre la Plaza Belgrano, que antecede a la iglesia, se vio una columna con banderas de la UOCRA. Junto con la UTEP, fueron los únicos referenciados con banderas.

76 kilómetros separan el lugar donde intentaron asesinar a la vicepresidenta del templo donde se terminó agradeciendo que la recámara de la pistola Bersa que gatilló Sabag Montiel falló. “Estaríamos en una situación muy terrible, de violencia generalizada que gracias a Dios estamos a tiempo de evitar y de revertir una situación que está mal. Así como se dio ese milagro, se pueden dar otros”, explicaba tras la misa el líder de Patria Grande, Juan Grabois. Los Movimientos Sociales también se hicieron presentes. Daniel Menéndez de Somos Barrios de Pie; Leonardo Grosso del Movimiento Evita o Juan Carlos Alderete de la Corriente Clasista y Combativa se ubicaron en las primeras filas de la Basílica.

También algunas presencias del ámbito de la cultura como María Valenzuela o el Premio Nobel por la Paz, Adolfo Pérez Esquivel llegaron hasta Luján.

Hubo al menos dos presencias que llamaron la atención. Los intendentes de General Viamonte, Franco Flexas y Martín Randazzo de General La Madrid. Se trata de dos jefes comunales bonaerenses que forman parte de la Unión Cívica Radical. Según pudo reconstruir Infobae, fueron invitados por la ministra de Gobierno bonaerense, Cristina Álvarez Rodríguez. De hecho, ayer viernes hubo un foro entre intendentes de la UCR y del PRO y según un jefe comunal del radicalismo, el tema de la misa “no se tocó”.

“Hay una necesidad de unir a los argentinos y el diálogo se va a imponer”, marcó el ex presidente Eduardo Duhalde desde Luján. El ex mandatario se ubicó a la izquierda de Alberto Fernández durante la ceremonia. Otra foto de fraternidad también se dio al momento del saludo por la paz en el abrazo entre Duhalde y el líder de la Corriente Clasista y Combativa.

Otros funcionarios de impronta católica que participaron de la ceremonia fueron el Jefe de Gabinete de la Nación, Juan Manzur y la vicegobernadora Verónica Magario.

“Debemos parar la pelota y pensar hacia adelante”, deslizó la presidenta de la Cámara de Diputados, Cecilia Moreau. También apuntó a la oposición y opinó que la ausencia a la ceremonia de este sábado “es parte de las decisiones erróneas que vienen tomando. A estos ámbitos ecuménicos donde el diálogo tiene que ser la premisa no se pueden ausentar”. Además, sinceró que “con algunos actores no hay ninguna posibilidad”, de llevar adelante ese diálogo.

Ni Cristina, ni Máximo Kirchner participaron de la Misa por la Paz. Sin embargo, quien estuvo fue la hermana de la Vicepresidenta, Giselle Fernández. Ubicada en primera fila se la vio intercambiar bastantes palabras con Kicillof. Algo distante a las ceremonias religiosas, desde el viernes Kicillof ya había definido su presencia. Parte del resto de las invitaciones corrieron por cuenta del intendente local, el peronista Leonardo Boto que tuvo el protagonismo propio de un anfitrión.

“Yo ya me voy, en un rato hice 320 pesos”, le decía una mujer que pedía monedas en la puerta de la Basílica a una compañera mientras llevaba un cochecito. Al lado de ella estaba estacionada la camioneta de Madres de Plaza de Mayo. Su presidenta, Hebe de Bonafini, siguió la ceremonia a través del celular, sentada en la primera butaca dentro de la combi. La presencia fue un acompañamiento a la convocatoria pero también fue una decisión política su no ingreso a la Basílica. Fue un sábado movido en Luján. Lo supieron, también, los restaurantes que rodean la plaza una vez que el arzobispo local dijo “podemos irnos en paz”.

Con información de Infobae

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