Cristina, entre la bala que no salió y el fallo que sí saldrá

POLÍTICA Por Pablo Vaca
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A falta de uno, el sábado el oficialismo hizo dos actos partidarios. Uno sucedió en el templo más popular del país, la Basílica de Luján. El otro, en Parque Lezama. El primero fue bautizado formalmente Misa por la Paz y la Fraternidad, y mostró unida a la plana mayor del kirchnerismo, desde el Presidente para abajo. El segundo, organizado por el PJ porteño, tuvo una consigna más directa y a la vez más honesta: “El pueblo cuida a Cristina. Cristina cuida al pueblo”. 

Pese a las diferencias de estilo, ambos partían desde el mismo punto: el ataque a Cristina Kirchner sería producto de “los discursos del odio” y en consecuencia la democracia argentina está en peligro.

“Antes usaban el partido militar, y ahora estamos preocupados porque quieren proscribir a Cristina. Eso es cerrarnos el futuro a todos. Pero nos quedamos cortos con esa preocupación. Porque ahora quieren verla muerta. Y ese es el límite. De ahí no van a pasar”, dijo en Barracas el camporista presidente del PJ porteño, Mariano Recalde.

El relato se complementa con una frase dicha en Luján por la senadora ultra K Juliana Di Tullio: “El fundamentalismo siempre tiene pertenencia y financiamiento, no hay lobos sueltos”. Claro: no se le puede sacar mucho rédito a un intento de magnicidio perpetrado por un par de marginales alucinados vaya a saber uno con qué.

Para plantear una conspiración hecha y derecha se necesita de algo más que la banda de los copitos de nieve.

Lamentablemente para el oficialismo, es lo que hay.

Sin embargo, estira ese estado de “alarma institucional”. Incluso, aunque a esta altura suene algo artificial tanta insistencia en vincular a Sabag Montiel y su novia con “ellos”, un pronombre que engloba a la Justicia, los medios independientes y la oposición en general; y al fiscal Diego Luciani, algunos periodistas y Mauricio Macri en particular.

La explicación no sería una búsqueda proselitista, en verdad. Más allá de que el atentado ejecutado por una pareja de lúmpenes sirvió para que el oficialismo entero se encolumnara tras Cristina, no tuvo un efecto visible en las intenciones de voto.

Aquellos que veían a la vice como una semideidad que los llevaría sin dobleces hacia la justicia social, la soberanía política y la independencia económica siguen pensando lo mismo, pero con mayor fervor.

Por el contrario, quienes la ven como la líder de la facción del peronismo responsable de mal gobernar 15 de los últimos 19 años, con el agravante de estar acusada por severos hechos de corrupción, sólo han empeorado su opinión sobre ella desde que un arma le apuntó a la cabeza el jueves 1° de septiembre.

No por haber sido la víctima de un intento de homicidio, claro, lo cual es repudiable por donde se mire. Por el uso del mismo.

Lo cierto es que la bandera del “discurso de odio” en sí no resiste el menor análisis. Si los editoriales de Lanata, Majul o Viale fueran capaces de estimular homicidas, también lo habrían sido los afiches con las caras de varios periodistas (la intachable Magdalena Ruiz Guiñazú entre ellos) a los que el cristinismo invitaba a escupir en Plaza de Mayo hace una década.

Parafraseando un cantito popular de la época de la restauración democrática: si ese no es el odio, el odio dónde está.

De todos modos, tanta crispación responde a una lógica. El senador José Mayans, jefe del bloque oficialista, la expresó más clarito que nadie: “¿Queremos paz social? Empecemos a parar el juicio contra CFK.”

Es así: se acerca la sentencia en la causa de Vialidad. Cristina está acusada como jefa de una organización montada para robarle cientos de millones de pesos al Estado, por lo cual el fiscal Luciani pidió que vaya 12 años a la cárcel.

Este lunes comenzará la defensa del exministro Julio de Vido y en una semana será el turno de la Vicepresidenta. Probablemente antes de fin de año los jueces emitan su fallo. Si fuera adverso a Cristina, el relato del discurso del odio habrá cumplido su verdadero cometido: lo harán funcionar de profecía.

Diciembre suele ser un mes complicado en este país.

Fuente: clarin

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