El plan-relato que Martín Guzmán se puso al hombro, con el dólar y las jubilaciones en el medio

ECONOMÍA Por Por Daniel Fernández Canedo para Clarin
Para conformar al FMI el Gobierno perfila un ajuste fiscal, mientras avanza con otras medidas que generan muchas dudas.
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La foto del ministro de Economía junto al jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, al titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa y al jefe de los diputados del Frente de Todos, Máximo Kirchner, en el encuentro para avalar el cambio de la fórmula de actualización de las jubilaciones, constituyó uno de los actos de política económica más importante en mucho tiempo. 

Martín Guzmán venía ganando espacio en el gobierno desde que percibió el precipicio que implicaba un dólar blue de $195 y una brecha cambiaria en el orden del 150%. Esa realidad del dólar aceleró las decisiones para un intento de estabilizar la situación cambiaria.

El ministro primero negó una devaluación fuerte y ratificó que el dólar oficial se iría actualizando con la inflación, a pesar de que en las arcas del Banco Central quedan muy pocos dólares.

Encaró la presión sobre los agentes de bolsa para congelar por unos días las operaciones en el segmento conocido como "contado con liquidación" y vendió títulos para bajar ese dólar libre que dos semanas antes había superado $181 y este martes estuvo en $149 con una baja de 18%.

En la Argentina es bastante conocido que con el dólar subiendo, y alentando las compras, el traslado a la formación de precios es acelerado y eso dispara el nerviosismo de los mercados y la población.

Una historia que se repite es que, en momentos de una corrida, los funcionarios primero intentan minimizarla diciendo que el blue es un mercado ilegal y de poco peso en la economía real, pero, a los pocos días, deciden tomar medidas para frenar los precios y los ánimos.

La baja de reservas del Banco Central y de los depósitos en dólares encendieron las luces rojas de los tableros de control y Martín Guzmán fue el encargado de salir con la autobomba a tratar de apagar el incendio generado a base de muchos pesos circulando y desconfianza.

Comenzó hablando de la necesidad de generar un sendero de reducción del déficit fiscal para los próximos cuatro años partiendo de un del 4,5% del PBI del previsto en el proyecto de Presupuesto 2021, y avanzó con el anuncio sobre la negociación de un Préstamo de Facilidades Extendidas con el Fondo Monetario.

El anuncio de Guzmán sorprendió por el carácter del crédito que, a diferencia de los tradicionales de Stand By que pidió la Argentina para equilibrar las cuentas externas, demanda reformas estructurales (previsional, laboral, impositiva y más) que le permitan al país de que se trate ganar competitividad en el mediano plazo.

Y es en ese punto en el que Guzmán arma la foto para que Sergio Massa y Máximo Kirchner avalen un cambio en la fórmula de actualización de las jubilaciones que, a las pocas horas, tuvo el rechazo adelantado de la oposición por considerar que bajará los ingresos de los jubilados.

Las jubilaciones y pensiones representan la mitad del gasto del presupuesto. La indexación de los haberes del gobierno de Mauricio Macri devino en los aumentos por decreto de Alberto Fernández, y desembocaría en la fórmula de actualización kirchnerista en función de los aumentos de salarios y de la recaudación en forma semestral y no trimestral como hasta ahora.

¿Perderán los jubilados con la nueva fórmula? Es difícil saberlo a priori y dependerá de los períodos en que se mida, pero lo que sí es palpable es que, con la fórmula propuesta, los aumentos viajarán mucho más despacio.

En el caso de un eventual salto cambiario (supongamos después de las elecciones legislativas de octubre), el traslado de la devaluación a la inflación es rápido y de ahí a las jubilaciones, también.

Si se aprobara la nueva fórmula, el salto del dólar impactaría bajando los salarios y la recaudación por la recesión generada, con lo que la recuperación de las jubilaciones se demoraría mucho más.

Desde lo fiscal, la fórmula propuesta tiene más chances de licuar el gasto público en el caso de una devaluación (sería un objetivo de Guzmán) que la fórmula anterior, aunque implica mantener un grado de indexación en el gasto.

Entre el aval a una nueva fórmula previsional, y la dolarización de bonos en pesos para permitir que dos fondos importantes del exterior (Templeton y PIMCO) se lleven dólares sin ejercer presión comprándolos por medio del "contado con liquidación", el Gobierno dejó en claro que está dispuesto a olvidar mucho de lo que dijo con tal de alejarse del pánico del dólar.

El canje por US$750 millones de bonos en pesos por otros en dólares (habría otra licitación el próximo mes) implicará emitir deuda en dólares por US$1.500 millones, que se sumaría a las ventas de dólar futuro, otra medicina potente que contribuye a explicar la baja del blue de $195 a $149. Un descenso de 24% muy significativo y la clave está en si será sostenible. ​

Promesa de ajuste fiscal, ralentización de los aumentos para los jubilados, cambio de bonos en pesos por otros en dólares, venta de títulos atados al dólar, presión sobre los agentes de bolsa para que reduzcan las operaciones de "contado con liquidación", menos beneficiarios del bono IFE de $10.000 y un mensaje amigable para con el FMI en las puertas de una negociación por un préstamo a largo plazo, constituyen el plan-relato que el ministro Martín Guzmán se puso al hombro con el aval de Alberto Fernández y el paraguas de la carta sobre la economía bimonetaria de Cristina Kirchner.

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